Habiendo concluido un seminario de varias noches de enseñanza sobre la oración intercesora, en el Centro Cristiano que dirijo, con satisfacción pude mirar al grueso de los fieles orar más vigorosa y tenazmente que nunca, no tuve mas que dar gracias a Dios por ello, pero también reflexionar sobre la carencia de poder y autoridad hoy, a falta de intercesión, en el Cuerpo de Cristo. No es por falta de deseo en los creyentes de hacerlo sino que en la mayoría de las veces es y ha sido por tanta ignorancia y desconocimiento sobre lo que significa la Intercesión en el Espíritu.
Al reflexionar profundamente con plena conciencia y dolor, llegamos a concluir que el pueblo no ora ni intercede porque nosotros los lideres del Señor, no les hemos enseñado bien y lamentablemente tenemos que decir, después de predicar y enseñar en diversos tipos de lugares, que nuestros dirigentes son los que pareciera no conocen lo suficiente sobre el tema y saben muy poco en la práctica sobre el camino de la intercesión como para guiar al pueblo con su ejemplo.
Al ver a mis ovejas clamar con fuerza al Padre y comprobar positiva y gloriosamente la práctica con poderosos resultados, es que surgió un deseo ardiente de escribir un libro que ayudara a la iglesia del Señor a caminar en este poco explorado campo de oración: La Intercesión.
Con este deseo surgió también el lógico período de oración para encontrar el tiempo propicio para hacerlo. Mientras esto ocurría Dios me puso en contacto con una tremenda guerrera de oración, Güen Shaw, anciana del Señor, quien depositó en mis manos uno de sus bellos libros con una fotografía y unas notas sobre los judíos orando a Jehová en el Muro de los Lamentos; al analizar este material el Espíritu Santo hablo a mi corazón y me dio el título del libro, El Muro de los Lamentos, no el muro de Israel natural sino de su pueblo espiritual, la Iglesia; es el Ministerio de la oración intercesora, necesario hoy para provocar el gran avivamiento del pueblo de Cristo y la conversión al Dios Omnipotente de los hombres y los pueblos. Aleluya.
Este libro surge no para agotar el tema, el cual de hecho es inagotable, sino como una voz que clama en el desierto para preparar la venida en gloria de Aquel de quien ningún hombre fue ni será digno de desatar el calzado de sus pies.
Que Dios lo use, es mi deseo y oración ferviente al Padre, para que tu mi amado lector, a través del mismo, seas motivado en lo profundo de tu ser a clamar en agonía por la humanidad que corre sin freno a la condenación eterna.
Se, por la manifestación gloriosa de mi Dios a mi espíritu, que una unción nueva para orar, interceder y ayunar vendrá sobre ti, sobre tu vida y ministerio, los cuales ya no serán los mismos sino que El te dará una nueva dimensión espiritual en el cual te moverá de gloria en gloria y de victoria en victoria en Cristo Jesús. Amén.
Por eso hago mías las palabras inspiradas en Pablo:
“Orad, orad sin cesar”
I Tesalonicenses 5:17
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